Cuando hablamos de castrar a un animal, estamos hablando de que no produzca hormonas sexuales e impedir que tenga descendencia. Hay diversas formas de llevarla a cabo, química (mediante medicamentos y normalmente de forma temporal) o quirúrgica (mediante una operación y de forma definitiva). Ésta última es la más segura y eficaz. Consiste en una intervención quirúrgica rutinaria y sencilla en la que se extraen los órganos sexuales (testículos en los machos y ovarios y útero en las hembras) y que se realiza bajo anestesia general. En animales jóvenes y sanos se trata de una operación de mínimo riesgo, de la cual estará recuperado al cabo de dos o tres días. Cuanto más tarde se haga, más riesgos hay asociados a la anestesia.

· ¿Cuándo? 

  • Machos: ​lo ideal es castrarlos antes de que muestren comportamientos debidos al estímulo hormonal, como pueden ser el marcaje, la monta, comportamiento territorial o de dominancia, teniendo en cuenta que tiene que haber completado al menos un 80% de su desarrollo. En perros a partir de los 10-12 meses y en gatos a partir de los 6 meses. 
  • Hembras: lo ideal es antes del primer celo para evitar problemas relacionados con las hormonas sexuales. En perras varía según la raza, entre los 6 y 12 meses; en gatas sobre los 6 meses.
¿Por qué? 

La esterilización conlleva múltiples ventajas, que superan con creces los riesgos que conlleva una intervención quirúrgica.


En los machos: 

- Reduce la agresividad por competencia sexual y tendencia a montar. En el caso de los gatos, al reducir las peleas reducimos la posibilidad de contagio mediante arañazos o mordeduras de enfermedades graves como la inmunodeficiencia felina.


- Previene posibles enfermedades de la próstata (hiperplasia, quistes), hernias perianales o tumores (testiculares, prostáticos, células hepatoides).


- Reduce el instinto de fuga en busca de una hembra durante las cuales se pone en riesgo la integridad física de nuestra mascota por la posibilidad de sufrir accidentes, atropellos, etc.


- En los gatos reduce el marcaje con orina​ y su olor.



En las hembras: 

- Evita la pseudogestación,​ conocida como “embarazo psicológico”, en la que se producen alteraciones del comportamiento (nerviosismo, aislamiento e incluso agresividad o sobreprotección) y producción láctea que puede desembocar en mastitis.


- Elimina enfermedades del tracto reproductor (como la piometra o quistes ováricos) o tumores ováricos/uterinos.


- Disminuye la probabilidad de padecer tumores de mama​. Si se hace antes del primer celo, a menos del 1%; más tarde la disminución es menor y a partir de los 3 años, no hay ventajas respecto a hembras enteras, si bien los tumores suelen ser de carácter más benigno en hembras esterilizadas que en hembras enteras.


- Elimina el celo y, con él, la pérdida de sangre en perras y los maullidos molestos de las gatas.


- Estabilizaremos enfermedades sistémicas ​como la diabetes o la epilepsia.


- Evitaremos el riesgo de gestaciones indeseadas durante el resto de la vida de nuestra mascota.


- Reducimos el instinto de fuga en busca de un macho y los riesgos sobre su integridad física en estas salidas.


- Reduce problemas comportamentales de dominancia y marcaje debidos al estímulo hormonal, si bien, una vez que los han aprendido se pueden convertir en costumbres que el animal aunque se esterilice no va a cambiar.

Es decir, la esterilización no sólo resulta interesante desde un punto de vista anticonceptivo, sino también desde un punto de vista clínico, ya que constituye un método preventivo e incluso a veces curativo, de muchas patologías; por lo que el castrar a nuestras mascotas supone un incremento de su calidad y su esperanza de vida, y son más los efectos beneficiosos para ellas y para el bienestar de los que conviven con ellas, que los inconvenientes que pueda suponer pasar por una cirugía bien controlada. 

Pero además, la sociedad también se beneficia de ello. En España se abandonan cada año unos 200000 animales y el grado de superpoblación de perros y gatos en nuestro país es muy elevado, llegando a sobresaturar perreras y refugios; ten en cuenta que una perra sin esterilizar pueden tener una descendencia de hasta 67000 perros en siete años (y mucho más alta en el caso de las gatas). La esterilización supone un acto responsable por parte del propietario en el control de la natalidad, ya que al prevenir el nacimiento de camadas no deseadas (para las que no hay suficientes hogares), estaremos reduciendo el abandono de animales y por tanto, su desamparo y la saturación de los albergues y protectoras.

No te creas los tópicos: 

“Una hembra debe tener al menos una camada una vez en la vida​”. Seguro que todos hemos oído alguna vez esta afirmación, u otras como “si castras a tu perra en edad temprana no crecerá y se quedará enana” o “si tu gata no es madre sufrirá alteraciones del comportamiento”. Bien, pues no existe ninguna evidencia científica que sostenga ninguno de estos argumentos. Una hembra no tiene que tener una camada a lo largo de su vida para lograr un correcto desarrollo etológico y físico, es decir, no existe ninguna justificación sanitaria para hacer criar a una hembra, y éstas no necesitan quedarse gestantes para desarrollarse correctamente o ser felices, por lo que no pasa nada si nunca tienen descendencia. De hecho, las hembras castradas no tendrán necesidad de reproducirse, por lo que reducimos el estrés o ansiedad estacional que les supone el celo.

Es mejor castrar a las hembras que a los machos para disminuir las camadas indeseadas”. Esta suele ser una afirmación que se hace para justificar el miedo de que “al castrar a un macho éste dejará de serlo”; pero, seamos sensatos, no hay que pensar que nuestro perro/gato será menos macho después de esterilizarlo, éste sólo perderá su instinto de reproducirse, pero seguirá siendo un macho. Además, éstos son gran parte del problema de superpoblación de animales, ya que cuando se escapan son capaces de preñar a varias hembras.

Otro de los tópicos es el de que “los animales engordan después de la castración”​. Debemos tener en cuenta que el problema del sobrepeso viene dado por una dieta que incluye más alimento del necesario junto a una falta de ejercicio, por lo que cualquier animal que se alimente de forma inadecuada y no realice actividad física diaria engordará, esté castrado o no. Por tanto, en todos los animales debemos controlar su alimentación y facilitar que hagan ejercicio físico para que estén sanos. Es verdad que la castración conlleva ciertos cambios hormonales que suponen una mayor tendencia al sobrepeso, debido a que el ritmo de metabolismo disminuye y el apetito se mantiene o incluso aumenta, pero con una actividad física adecuada y una estrategia alimenticia supervisada por el veterinario (alimentar con piensos especiales, menos calóricos, por ejemplo), esto no tiene porqué suponer un problema.

- Aquí una afirmación que, si bien no es del todo falsa, necesita matizarse: “a los animales les cambia el carácter después de la castración”​. Bien, tras la castración, sólo se modifican aquellas conductas ligadas a las hormonas sexuales (escapismo, territorialidad de los machos, maullidos en las gatas…), lo cual incluso nos conlleva ciertos beneficios; pero el carácter de nuestras mascotas no está determinado por estas hormonas, por lo que su temperamento, vitalidad, cariño y ganas de jugar no cambiarán, y por tanto, después de esterilizarla, nuestra mascota mantendrá su carácter normal. Del mismo modo, hay que tener en cuenta que la castración no tiene ningún efecto terapéutico sobre problemas como la hiperactividad, la ansiedad por separación, problemas emocionales o aquellos derivados de una educación incorrecta.

“Me da pena quitarle el disfrute sexual”. Este es un pensamiento bastante común por intentar antropomorfizar a nuestros animales, pero la realidad es que no podemos quitar lo que no existe. Los animales (salvo algunos grandes simios) no viven la sexualidad como los humanos, sino que para ellos, el sexo es únicamente el proceso físico de reproducción. Si para ellos comer y beber es la garantía de la supervivencia individual, el sexo lo es para la permanencia de su especie. Prueba de ello es que una hembra sólo acepta la monta cuando está en celo, es decir, cuando su cuerpo presenta una exigencia hormonal. Fuera de esta situación, se niega e incluso puede rechazar de forma agresiva a un macho que intente montarla, lo que evidencia que para ella no existe una situación de placer relacionada con el sexo. De igual forma, un macho sólo busca la monta cuando recibe información química de una hembra en celo.

“Quiero tener un hijo de mi mascota”. 

Esto, aunque no sea un mito, es una cuestión que nos debemos plantear en el momento que decidimos tener una mascota. ¿Querremos descendencia de ella? La esterilización se puede llevar a cabo en cualquier edad, si bien, cuantos más años tengan nuestras mascotas, mayor será el riesgo anestésico de la operación o de desarrollo de otras patologías; pero si tenemos claro desde el principio que no queremos tener descendencia, lo ideal sería esterilizar en la pubertad. Si queremos que nuestra mascota tenga descendencia, no hay ningún problema, podemos esterilizar después; pero esta decisión tiene que tomarse tras una profunda reflexión. Hay que tener en cuenta los riesgos de gestación en razas problemáticas y la prolificidad de estas especies, pues nosotros quizá nos quedemos un cachorrito, pero no es fácil colocar varios animales con familias que se hagan cargo de ellos como se merecen durante todos sus años de vida. Si no se puede asumir la llegada de los cachorros (y en esto la responsabilidad es tanto del propietario de la hembra como del propietario del macho), es mejor no tener una camada. Recuerda que si queremos proporcionarle un compañero a nuestra mascota, siempre está disponible la adopción. Los albergues y protectoras están llenos de animales buscando una segunda oportunidad y una familia a los que proporcionar todo su afecto y fidelidad.

Publicado: 13 de Febrero de 2017 a las 08:41